Aunque Kumiko Fujimura lleva muchos años viviendo en nuestro país, no cabe duda que su obra es, como ella, esencialmente japonesa tanto por su sutil y elegante sensibilidad, llena de matices, por su espontaneidad y naturalidad, por su efectista simplicidad, por su gusto por el movimiento y por los claros ecos de la tradición pictórica y caligráfica nipona tanto a lo que se refiere a las técnicas como a los recursos expresivos.

Dra. Elena Barlés Báguena

Profesora del Departamento de Historia del Arte Universidad de Zaragoza)